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Hollyhock House y su heroína olvidada, Aline Barnsdall

Lectura de 9 minutos

Hollyhock House hero image

Oliver Peoples rinde homenaje a Hollyhock House, el primer Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en Los Ángeles, y a Aline Barnsdall, la persona que comisionó la obra y que preparó el terreno para otras obras maestras en la California de mediados del siglo XX.

Aline Barnsdall fue una auténtica pionera, una de las más bohemias, singulares y renegadas entre el heroico legado de la multitud de personas que migraron a Los Ángeles a principios del siglo XX, con el fin de liberarse de las convenciones puritanas y forjarse una nueva vida en la nueva frontera. Aline podría haber sido etiquetada de feminista devota, radical o progresiva. Siempre fue una persona rebelde, alguien que consideraba el matrimonio una institución arcaica y que incluso tuvo una hija intencionadamente fuera del matrimonio, algo realmente escandaloso para aquellos tiempos. Su objetivo era cambiar la imagen y la dirección de las artes. Con ese propósito, Aline se mudó al oeste. Creía que Los Ángeles era el lugar idóneo para ello y consideraba Nueva York «el peor lugar del mundo para la gente creativa». Aline quería un lienzo en blanco, sin vinculación alguna a la tradición, al pasado. Además era multimillonaria, gracias al petróleo.

Hollyhock House

J.G. delante de su casa de Los Ángeles.

En 1919, Aline contrató al arquitecto más controvertido y vanguardista que conocía, Frank Lloyd Wright, para el diseño de una acrópolis cultural que pasaría a llamarse Olive Hill. La propiedad estaba situada en la cima de una suave loma que se extendía más de catorce hectáreas desde Hollywood Boulevard hasta Sunset Boulevard y desde Vermont Avenue hasta Edgemont Avenue. Ponte las gafas de viajar en el tiempo y borra de tu vista los hospitales y las franjas comerciales que ahora ocupan la base de esta colina de Hollywood. El terreno vacío llevaba ya un tiempo en venta, a 10.000 $ el acre (unos 24.700 $ la hectárea), cuando Aline ofreció comprarlo en efectivo. Le vendieron la propiedad de treinta y seis acres (más de catorce hectáreas) por 300.000 $.
La visión de Aline era un «parque artístico» multidisciplinar en el que los asistentes pudieran pasear por la ciudadela de la cumbre, durante los intermedios de las obras de teatro experimental, o entablar conversaciones políticas, durante las cenas en el jardín del tejado, y donde los bailarines pudieran retozar entre los olivos, bajo la luna y las estrellas, lejos de la sociedad convencional. Este refugio sería el nuevo mundo feliz de Aline, en el que criaría a su inteligente hija. Con Olive Hill, Aline alentó a Wright a que ampliara sus horizontes mediante la creación de una nueva arquitectura para una región y una época también nuevas. El recinto incluiría un teatro, alojamiento para los actores y artistas, un cine e incluso una guardería progresiva: un total de diecinueve edificios que serían diseñados por Wright. Hollyhock House, la casa de la propia Aline, estaría situada en la cima de Olive Hill, desde la cual observaría su feudo artístico. Aline quería alentar y explorar todo lo que fuera nuevo –teatro, baile, cine– todas las artes.
Gracias a la motivación de Aline, Hollyhock se convirtió en el primer gran hogar del famoso segundo periodo de Wright. Durante esta época, Wright hace una transición abrupta de su famoso estilo Pradera y se inspira en la arquitectura prehispánica y japonesa en busca de elementos más apropiados para esta nueva y moderna California. Debido al clima moderado de la zona, Hollyhock es además la primera casa patio de Wright que incluye un plano abierto muy californiano, con límites difusos entre las zonas interiores y exteriores

Mayan temple

El diseño de Wright estaba inspirado en el estilo de los templos mayas.

O’malley Sun in Black Diamond + G-15

Las O’Malley Sun en Black Diamond + G-15.

Para su ambicioso proyecto, Wright decidió basar su diseño, principalmente, en una forma de templo precolombino. Wright había estado muy interesado en la arquitectura de la era mesoamericana temprana desde muy joven. En una charla de 1930 recordó que el estilo «me causaba asombro y despertaba mi ávida imaginación». Hay quienes también dicen que fue influenciado por Louis Sullivan cuando trabajó con él en Chicago. Allí, Wright visitó en repetidas ocasiones la Exposición Mundial Colombina de 1893, en la cual se hallaban expuestas varias réplicas a escala real de estructuras mayas. Se quedó asombrado con su estética y, finalmente, consiguió ejercer plenamente esa fascinación en Hollywood, donde era común encontrar casas de imitación del estilo Tudor entremezcladas con bungalós orientales y casitas de estilo neomediterráneo. La ciudad en su conjunto parecía un escenario de exteriores de exóticos lugares e influencias. Al mismo tiempo que Hollyhock estaba en construcción, a unas cuantas manzanas, se situaba uno de los mayores sets de exteriores jamás construido, para Intolerance, la obra épica de D. W. Griffith, que aún sigue en pie en toda su gloria babilónica artificial en la esquina de Sunset y Virgil.
Hollywood era un auténtico revoltijo de estilos arquitectónicos y de influencias que oscilaban entre la fabulación y la fantasía.
A nivel arquitectónico, Hollyhock se caracteriza por su enormidad y monumentalidad, una obra que connota solidez y conexión a la tierra, que emerge de la tierra, una «cima de montaña» en la cima de la montaña. Las paredes inclinadas hacia afuera de la casa, llamadas taludes, están decoradas con diversos ornamentos de estilo precolombino. Wright distribuyó gran cantidad de jardineras y maceteros decorativos por todo Hollyhock. Hay fotos antiguas que revelan flores y plantas dejadas crecer de forma desmesurada y cascadas de plantas carnosas por todas partes. Un manto envolvente de naturaleza cubría y se esparcía por toda la casa. Las escaleras exteriores serpenteaban arriba y abajo por los tejados, girando y ofreciendo vistas en varias direcciones; en su conjunto, una experiencia mareante de vueltas por el interior y vuelta afuera, arriba y abajo y, luego, otra vez adentro, con una euforia casi aturdidora.

Brad Dunning

Lo que se subestima es el impacto que tuvo Barnsdall en la cultura de Los Ángeles. Es imposible expresar los cruces de culturas que ella fomentó, la gente que presentó y el apoyo financiero que ofreció a la comunidad artística.

Aunque a menudo se considera, erróneamente, una estructura de hormigón, en realidad, las paredes de la casa están hechas de mampostería con ladrillos huecos y una capa fina de hormigón de adorno. El detalle de diseño más destacado lo forman todas las interpretaciones geométricas, entre futuristas, modernas y primitivas, casi de ciencia ficción, de la flor de malva loca (hollyhock, en inglés), que Wright aplicó de forma liberal cuando se enteró de que era la flor favorita de Aline. Al parecer, hasta F. L. W. era capaz de doblegarse ante un cliente.
El efecto dramático de la entrada diseñada por Wright es uno de sus detalles característicos. Suele rebajar los techos hasta proporciones casi claustrofóbicas (en el caso del acceso a la entrada de Hollyhock, es de tan solo 2,04 metros de altura). Luego, una vez se entra en la casa, el espacio se amplía y la altura se abre de forma dramática, como si se pusiera pie en una enorme tumba sagrada desde un oscuro túnel prohibido. Se le llama compresión y dilatación.
Se podría decir que Hollyhock es ahora aún más atractiva que cuando fue construida. Desde el punto de vista moderno, su estilo, entre maya y precolombino, está asociado con la antigüedad.
Cada grieta, desmoronamiento o mancha ayuda a que la casa adquiera una apariencia realmente auténtica y misteriosa. El romance de las ruinas. La pátina del tiempo.
Como Barnsdall sabía lo que quería para la decoración interior de la casa, lo único que diseñó Wright fueron los muebles del salón y el comedor. El resto de la casa estaba lleno de muebles y obras de arte que Aline había ido coleccionando en sus viajes por todo el mundo.
El salón que diseñó Wright es embriagador; ha llegado a llamarse «un altar al arte y la naturaleza» y, en días de cielo despejado, es posible ver desde él el reflejo de la luz del sol en el Pacífico. La chimenea de hormigón se considera una de las obras de arte bidimensionales de Wright más destacadas, completa con su foso y su claraboya. Tanto dentro como fuera, había un complejo sistema de estanques y fuentes que interconectaban el agua por toda la casa, de nuevo, combinando el exterior con el interior; aunque, (muy) desafortunadamente, ya no está en funcionamiento.

MP-2 featured with the new sunglass clip

Las MP-2, con el nuevo clip de gafas de sol.

the fountain is inspired by Greek Theatres

El diseño circular de la fuente está inspirado en los teatros griegos.

La combinación de elementos primarios como el fuego y el agua en la chimenea del salón con claraboya transparente es un toque realmente magistral, y es una pena que no podamos observarlo como él lo diseñó, con los tres elementos a la vista.
Los muchos detalles japoneses del diseño de Hollyhock House se deben a que Wright también estaba trabajando, de forma simultánea, en el Hotel Imperial de Tokio. Además de las pantallas del salón, encontramos una escultura budista al fondo de un largo pasillo lleno de vidrieras artísticas, producidas en Judson Studios, del cercano Highland Park, negocio que todavía permanece abierto. Wright diseñó cuatro casas más en Los Ángeles durante su periodo fértil de transición de los años 20; todas ellas con un estilo fantástico y exótico parecido: Storer House (1922) Freeman House (1923), Millard House (1923) y Ennis House (1924).
Si dirigimos la mirada hacia el norte desde Hollyhock House hasta divisar Ennis House en la colina, disfrutaremos de una singular y sublime visión histórica y arquitectónica de Los Ángeles, las dos auténticas hermanas espirituales. Es casi milagroso que hayan sobrevivido las dos y que ahora sean patrimonio internacional, cuando hasta hace poco se encontraban benignamente descuidadas y su valor era incomprendido por el público. Ya que Wright resultaba cada vez más imprescindible en Tokio para el proyecto del Hotel Imperial, en su ausencia, decidió enviar hacia el oeste al joven Rudolph Schindler, un empleado suyo, a que supervisara el proyecto de Barnsdall. Como necesitaba ayuda con la arquitectura paisajista, Schindler acudió a Richard Neutra y le pidió que se dirigiera también hacia el oeste.
El que Wright trajera a Schindler y a Neutra a California es otro regalo que tenemos que agradecer enormemente a Aline Barnsdall. Ellos solos, Schindler y Neutra, seguirían creando, ya sin Wright, una obra arquitectónica entre las más originales y valoradas del sur de California. Con el paso del tiempo, la ausencia de los planos que había prometido Wright, especialmente los últimos planos para el teatro –el proyecto más cercano al corazón de Aline– por no mencionar el constante aumento de los costes, hizo que Aline empezara a cansarse del gran proyecto y que, gradualmente, fuera perdiendo la paciencia y el entusiasmo. Al parecer, Aline despidió a Wright en 1921 y la acritud a la que llevó esta acción tardó años en repararse, lo que limitó enormemente el tiempo que pasó en su casa, su preciado sueño.
Carol LeFlufy, propietaria de Eye Forward, una agencia que representa a fotógrafos y directores, y una de los muchos profesionales que hacen voluntariado como guías de la propiedad en su tiempo libre, comenta: «Creo que lo que más sorprende de la casa a muchos visitantes es que Aline Barnsdall nunca se instaló en ella de forma oficial y que, poco después de despedir a Wright, comenzó a trabajar para donar la casa a la ciudad de Los Ángeles».
Las únicas partes del complejo de Olive Hill que fueron acabadas eran Hollyhock, la casa principal, el garaje y dos casas de huéspedes; una de las cuales ya no sigue en pie. Aline tuvo la gentileza de donar la mayor parte de la propiedad a la ciudad de Los Ángeles en 1927, pero siguió viviendo en Los Ángeles, a tiempo parcial, hasta 1946, cuando falleció en la «residencia B» de una de las casas de huéspedes, que todavía seguía al nombre de la familia.

Francamente, la ciudad de Los Ángeles no sabía qué hacer con el regalo. La casa sufrió muchos años de arrendamiento, planes frustrados e inquilinos indignos. Increíblemente, la casa estuvo entablada durante unos quince años. A pesar de ello, la gente entraba ilegalmente, hacía fiestas y se llevaba los muebles diseñados a medida. Una pérdida especialmente triste, misteriosa y asombrosa, el juego original completo y hecho a medida del salón que había sido diseñado por Wright y con un peso superior a una tonelada, fue robado en algún momento entre la Segunda Guerra Mundial y 1974. Desafortunadamente, no ha vuelto a aparecer. No cabe duda de que sigue escondido en la cámara secreta y oscura o el sótano de algún coleccionista insensato. Por consiguiente, muchos de los muebles que vemos en la casa hoy en día son copias muy fieles basadas en fotografías y dibujos de la época, aunque siguen siendo eso, reproducciones. Sin embargo, el juego de muebles del comedor es el original y diseñado por Wright.
El 7 de julio de 2019, Hollyhock House fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, un enorme y prestigioso honor. La casa y otras siete estructuras diseñadas por Wright fueron inscritas de forma colectiva en una designación en serie llamada «La arquitectura del siglo XX de Frank Lloyd Wright». Este reconocimiento hace que Hollyhock House sea una de las «estructuras culturales más importantes del planeta», además de convertirse en el primer Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en Los Ángeles.
Años más tarde, cuando la relación entre ambos ya había mejorado algo, Wright le dijo a Aline, refiriéndose a Hollyhock House: «Ahí está el edificio. Es tuyo por lo que te ha costado a ti. Es mío por lo que me ha costado a mí... y es para toda la humanidad».
Lo que es incalculable y subestimado es el impacto que tuvo Barnsdall en la cultura de Los Ángeles. Es imposible cuantificar o expresar los cruces de culturas que ella fomentó, la gente que presentó y el apoyo financiero y emocional que generosamente ofreció a la comunidad artística. Ahora vemos la obra tridimensional de Wright y, con razón, la apreciamos. Aline sigue siendo la heroína olvidada que nos dio un monumento.

Texto: Brad Dunning

Photos: Rich Stapleton

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