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Un original auténtico: J.G. Francis y El arte de la conservación del automóvil

Lectura de 17 minutos

Oliver Peoples sale con J.G. Francis, el fundador de Mercedes Motoring, a dar una vuelta en uno de sus coches favoritos, para percibir en persona su enfoque al trabajo artesanal.

Unos días es la luz, otros son las carreteras, y en la mayoría de los casos es una combinación de ambas. Carreteras que serpentean entre cañones por la mañana temprano, cuando el sol aún no ha acabado de quemar la niebla, y rectas largas del desierto, cuando ya se ha escondido detrás de la montaña, son ejemplos de los elementos esenciales que forman el inmenso entusiasmo por el automóvil que sienten en el sur de California. Con su diversidad de paisajes en las proximidades y el tiempo favorable durante todo el año, no hay mejor sitio para disfrutar conduciendo. La mejor forma de vivir la experiencia al máximo es ponerse al volante de un coche clásico y, si le preguntas a J.G. Francis, especialista en conservación de automóviles y fundador de Mercedes Motoring, el vehículo más apropiado para la tarea es un Mercedes-Benz clásico.

Entre el acero y el hormigón de Los Ángeles, un Mercedes Benz responde a la perfección y ofrece una sensación de comodidad y de calma. Mientras que la presencia de otros coches se pierde por el centro urbano, un Mercedes clásico desempeña un papel activo en su entorno. Lo mismo ocurre cuando los coches se encuentran a la sombra de las monumentales montañas de San Jacinto, cruzando una sección del desierto de Sonora o deslizándose por la Highway 1 de California. Un Mercedes-Benz clásico no se ve dominado por ningún entorno, sino que logra coexistir. Eso crea una flexibilidad excepcional, aplicable a los modelos producidos entre mediados de los años 50 y finales de los 60 del siglo pasado. Al tener una calidad tan sólida, no es de extrañar que estos vehículos resulten cada vez más atractivos en una época en la que la durabilidad física y el diseño atemporal vuelven a estar muy valorados.
Los modelos que parecen tener el mayor nivel de flexibilidad en distintos entornos se produjeron entre principios y mediados de los 70, la era del apogeo de los vehículos Mercedes-Benz, según Francis.
La pasión de Los Ángeles por el automóvil se remonta a principios de los 90, cuando una aversión sana por parte de la población hacia los gobiernos corruptos ligados a empresas ferroviarias como Southern Pacific, llevó a sus residentes a decidir comprarse coche. Para bien o para mal, la opinión pública benefició a la industria del automóvil y, al hacerse más asequibles, los primeros sistemas de transporte público fueron desapareciendo de las calles y el número de vehículos en las carreteras fue aumentando rápidamente. Durante los principios del siglo XX, se fue promoviendo la propiedad de coches en Los Ángeles y su compra aumentó gracias al buen tiempo perpetuo y a los atractivos destinos accesibles en coche.
Con las románticas carreteras principales y otras más pintorescas y menos frecuentadas del sur de California, precedentes a las autopistas orientadas al tránsito en masa, la zona de Los Ángeles y sus alrededores se convirtió en un paraíso para los viajes de placer en coche. Además de esta «cultura de conducir por placer», estaba la enorme escena del automovilismo, tan antigua como los mismos automóviles.

Palm springs mountains view

Por la cumbre de la montaña se acerca una tormenta que trae consigo una bienvenida ola de frescor a Palm Springs.

Los garajes especializados y las «speed shops» para coches deportivos, coches de carreras y vehículos especiales para el desierto estaban desperdigados por todo el sur de California. Si se hacían carreras en algún sitio, se hacían carreras en Los Ángeles o por los alrededores. A pesar de las autopistas llenas de tráfico y los altos precios del combustible, la ciudad se convirtió en el centro estadounidense de la cultura del automóvil.
Por aquel entonces, al igual que ahora, si eras un aficionado del automóvil, todas las carreteras llevaban a Los Ángeles. Los años de la posguerra dieron paso a la era de los reactores, y muchos fabricantes de automóviles extranjeros volvieron a recuperarse gracias a la gran demanda de coches deportivos exóticos, especialmente en el sur de California. Con el comienzo de la construcción de un nuevo sistema de autopistas al principio de los años 50, la imagen de Los Ángeles y la forma en que sus habitantes recorrían la ciudad jamás volvería a ser la misma. Esas autopistas atascadas, así como los nuevos vehículos fabricados para mantener altas velocidades, animaron a conducir por placer y escapar de la ciudad a lugares como el valle de Coachella.
La era de los reactores estaba en pleno apogeo y, cuando los viajeros adinerados salían de un vuelo de TWA o Pan-AM, el siguiente paso solía ser algo rápido y de origen alemán. Los primeros Mercedes-Benz en captar la imaginación de los motoristas del sur de California comenzaron su apasionada relación con una línea de modelos que sigue existiendo hasta el día de hoy y que sigue siendo especialmente «californiana». El exclusivo supercoche 300 SL «Gull-wing» («alas de gaviota») y otro algo más pequeño y más asequible, el 190 SL Roadster, debutaron con gran éxito en la feria del automóvil de Nueva York de 1954. De los 1400 cupés 300 SL fabricados entre 1954 y 1957, más del 80 por ciento fueron vendidos en EE.
UU., lo que llevó al primer gran éxito de Mercedes-Benz fuera de Alemania. Este crecimiento se debe mayormente al cambio de imagen de Mercedes en el mercado estadounidense, de ser simplemente un productor de sedanes lujosos a ser uno capaz de construir vehículos de alto rendimiento, altamente

old Mercedes view

Mercedes Motoring, Glendale, CA.

Sunglasses over Mercedes

Las Keenan 362/Horn en un 250C de 1972.

codiciados. Con unas ventas lentas tras dos años en el mercado, Mercedes-Benz tenía que tomar una decisión: dejar de fabricar un modelo de precio exorbitante o cambiarlo para que se adaptara mejor a las necesidades del mercado californiano. La decisión de dejar de fabricar el icónico coche con puertas en forma de alas de gaviota a favor de un descapotable con capota blanda fue la única prueba necesaria para demostrar lo importante que California se había convertido para Mercedes-Benz. Con el «Pagoda» SL, el sueño de postal perfecta del oeste dorado comenzó a asociarse estrechamente con Mercedes-Benz y la línea de modelos SL se empezó a considerar el coche de estilo decisivo del sur de California. Ya hacía tiempo que era necesario tener coche para recorrer Los Ángeles y que era la forma más íntima de explorar las regiones cercanas, pero cuando llegó el Pagoda, también había pasado a servir de extensión de la identidad personal o, por lo menos, de la identidad que querían tener.
Aunque no fueras un miembro auténtico de la jet set, conducir un Mercedes-Benz podía hacerte sentir como si lo fueras. Lo primero que necesitas saber de J.G. Francis es que él no tenía previsto convertirse en un maestro artesano. En realidad, este afable señor, natural de Las Vegas, no hacía más que acabar de empezar a subir la escalera corporativa antes de fundar Mercedes Motoring en 2003. Lo que se ha convertido en un negocio próspero e influyente comenzó con lo que Francis llama «un encuentro inesperado y nada romántico». Impulsado por la curiosidad y la fascinación con los vehículos Mercedes-Benz de motor diésel de los años 70 y 80, Francis empezó su andadura en la conservación de coches. En los últimos dieciséis años, Francis ha visto pasar más de 1000 Mercedes-Benz clásicos por sus puertas; primero, en Costa Mesa, California y, más recientemente, en Glendale, California. Francis no se considera un gurú de los Mercedes-Benz y cree que hay personas con mucho más talento que él que trabajan

Mercedes 250C on Mulholland Drive

El 250C de 1972 de Francis, absorbiendo la luz del atardecer en Mulholland Drive.

en la conservación y restauración de coches clásicos. Según explica, «hasta que empecé a conocer a estos maestros artesanos, ni siquiera entendía que algunas de las personas más inteligentes del planeta son constructores de coches. Yo no me pongo en esa categoría, pero algunas de las personas que conozco, sí que lo son». Modesto, aunque seguro de sus habilidades, Francis deja que su trabajo hable por sí mismo y, aunque los coches que se someten a la llave inglesa en Mercedes Motoring no tienen nada de llamativos, imponen respeto y llaman la atención de cualquiera que los vea. Como Francis nos dijo, «empiezo con un lienzo increíble al que voy añadiendo, pero no sabía que me iba a sentir tan desafiado y estimulado a nivel intelectual con la construcción de coches; y, en realidad, para mí es uno de los mayores logros de mi vida». Además, algo increíblemente enriquecedor para Francis es el hecho de que comparte su establecimiento con Sean Johnston, su compañero de construcción y amigo de la infancia, el responsable de las tareas del interior de los Mercedes-Benz que requieren máquina de coser, además de construir sus propios coches personalizados. Respecto a Johnston y otros constructores que trabajan siguiendo el mismo estilo, Francis dice que «los "tipos" de los bólidos tradicionales lo hacen exactamente igual que lo hacían en los años 40, 50 y 60. Con frecuencia, hacen la herramienta que hace la pieza, y ver eso es fascinante.
Está a otro nivel. Yo soy purista, hago lo mismo una y otra vez, por lo que está bien ver todo eso, y también es algo que se refleja en mi trabajo. Sin duda alguna, mi opinión general sobre el trabajo artesanal ha evolucionado desde que empecé el negocio. Ha sido un proceso de refinamiento continuo, de mejora continua y de tratar de llevar las cosas al siguiente nivel». Por muy modesto que sea, no hay duda de que Francis estaba a la vanguardia e incluso él mismo admitiría que, con estos Mercedes-Benz, él estaba haciendo algo que nadie más hacía. «En aquellos tiempos, mis amigos miraban lo que hacía y me decían: ¿En serio? ¿Esos? Aún no había nadie que tuviera uno». No se trata tanto de que Francis fuera el pionero de nada; ha existido una comunidad de entusiastas a nivel mundial centrada en los coches de esta época durante muchas décadas, especialmente en Europa. Sin embargo, lo que Francis hizo fue aumentar el alcance de la escena y ponerla en el radar de la gente, especialmente cuando empezó a adquirir notoriedad entre los medios de comunicación más grandes.

No es de sorprender que, al haber un número cada vez mayor de personas que buscan lo auténtico y se alejan de lo genérico, el enfoque de Francis de conservar en vez de restaurar tenga un significado especial para la gente. Un coche restaurado puede tener mejor aspecto en la superficie, pero no va a mantener las pequeñas rarezas que hacen que un coche conservado sea único. En términos globales, estos coches clásicos ofrecen un respiro del ruido del mundo moderno, la posibilidad de dar un paso atrás y disfrutar del simple placer de conducir sin ninguna distracción.
A nivel íntimo, permiten a la gente conectar con el pasado, para crear su propia narrativa, a la vez que añaden un capítulo a la historia del vehículo en sí. Aquí es donde Francis halla la verdadera belleza de conservar un coche, lo cual supone mantenerlo en las condiciones más cercanas a las originales que sea posible en vez de restaurarlo, lo que puede llevar el coche a especificaciones más allá de las originales de fábrica, pero, a menudo, sacrificando la autenticidad. «El coche restaurado casi siempre parecerá el vehículo más bonito, pero un coche conservado es exactamente igual que cuando salió de fábrica y, sencillamente, sientes que tiene una cierta presencia».
Si te metes entre la cantidad de coches que hay presentes en Mercedes Motoring, puedes palpar la cantidad de historia que hay en el local. Como Francis nos apuntó, «Es imposible superar el encaje y el acabado de fábrica. Hay personas cuyo trabajo ha sido fijar paneles de puertas durante diez años. ¿Creo yo que soy capaz de hacer ese trabajo mejor que esas personas? No, claro que no. No puedo. Y lo mismo pasa con el resto del coche». Tal apreciación por el trabajo manual original añade otro grado de dificultad al proceso de Francis; el cual, además, añade al encanto de cualquier Mercedes-Benz que sale por las puertas de Mercedes Motoring.
Algunos de estos Mercedes-Benz clásicos no parecen demasiado especiales a primera vista, pero reúnen muchas más

Eyeglasses on Mercedes

Las Lachman en Cinder Cocobolo y negro, en un 280 de 1973.

Original Mercedes colors view

Todos los coches de Mercedes Motoring tienen los colores de pintura originales.

J.G. Francis

En realidad, los coches y las gafas de sol son solo «cosas» hasta que alguien las convierte en parte de su historia».

cualidades de lo que aparentan y, aunque haya gente que crea que son más bien ordinarios, estos coches tienen un encanto intrínseco. Eso garantiza prácticamente la satisfacción del cliente, aunque no sepa exactamente qué modelo quiere, porque el hecho en sí de estar interesado en estos coches significa que ya valora los aspectos importantes que constituyen la base de cada uno de ellos. Lo que Francis entiende es que saber lo que el cliente quiere incluso antes que el mismo cliente tiene mucho valor. «En realidad, funciona de dos maneras. Un proceso que suelo seguir es pedir un pequeño depósito de búsqueda y cualquier parámetro que me dé el cliente y voy en búsqueda del coche apropiado, que cumpla con sus requisitos. Algo que ocurre con menos frecuencia es que alguien venga sin tener idea de lo que quieren conducir, solo saben que quieren un Mercedes clásico que se adapte a su estilo de vida. Puede que te digan cómo conducen, dónde viven, que creen que quizá necesiten un turbo, y que te pregunten qué coche crees que deberían conducir». Guiar a la gente hacia el modelo apropiado de Mercedes clásico es una parte esencial del proceso de compra en Mercedes Motoring. La era de los vehículos Mercedes-Benz en la que se centra Francis requiere un ojo experto para poder apreciar por completo el alcance de la labor artesana, así como seleccionar los ejemplares de coche adecuados. Francis aporta un alto nivel de conocimientos: conocimientos que comparte con entusiasmo con sus clientes, lo que enriquece aún más la experiencia completa de tener uno de estos coches. Ya sea un Mercedes Benz clásico o unas Oliver Peoples, la calidad es la base fundamental del producto. Al igual que con las gafas que parecen ser genéricas hasta que empiezas a observar el proceso que se ha seguido para hacerlas, con estos coches, cuanto más aprendes sobre ellos, más atractivos son. Con un mayor entendimiento de cómo ha sido fabricado y por qué ciertos detalles son como son, el producto empieza a cobrar vida. Sin embargo, su construcción solo es una parte de lo que los hace interesantes como productos tangibles. «En realidad, los coches y las gafas de sol son solo "cosas" hasta que alguien las convierte en parte de su historia». Es entonces, y solo entonces, cuando cobran vida por sí mismos, con el potencial de convertirse en algo más que un accesorio de estilo de vida y probablemente, de recibir la designación de icono. Ni Mercedes-Benz ni Oliver Peoples empezaron a trabajar con la intención de fabricar productos icónicos; simplemente, implantaron estándares de calidad altos y los combinaron con diseños funcionales. Solo el tiempo ha mostrado estos productos como los iconos que son, coches como el Mercedes de la serie W123 y gafas como las O’Malley de Oliver Peoples.

El trabajo de Francis consiste en mucho más que conservar coches clásicos, consiste en conservar una cierta manera de hacer las cosas, en creencias y en un estilo de vida. Nadie ha construido coches como Mercedes-Benz los fabricaba en las eras del W123 y W124, ni siquiera Mercedes-Benz en la actualidad. Era una época en la que el más alto nivel de artesanía era lo único que servía, desde el diseño de un vehículo hasta los materiales que se usaban en el proceso de fabricación. La mentalidad es muy diferente al enfoque de «obsolescencia programada» que algunos fabricantes de coches, como GM, implantaron en fechas tan tempranas como 1923. Según lo definió el diseñador industrial estadounidense Brooks Stevens en 1954, la obsolescencia programada es la práctica de «infundir en el comprador el deseo de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario». Como es de imaginar, este no era un concepto en el que Mercedes-Benz, ni ningún otro fabricante alemán, estaban interesados en aquellos momentos. Ahora que la tecnología cambia con tanta rapidez y que se ha convertido en una parte esencial del automóvil en los últimos veinte años, hay muchas formas de obsolescencia programada en la mayoría de los vehículos modernos. Se parte de una «durabilidad artificial», que es la estrategia de acortar la vida útil de un producto antes de que salga a la venta, diseñándolo para que se deteriore con rapidez, a la «obsolescencia percibida», que ocurre cuando los diseñadores cambian el estilo de un producto con la intención de reducir el atractivo del mismo con la esperanza de aumentar el interés en una versión más nueva. Estas ideas son directamente opuestas a las que formaron las bases fundamentales de Mercedes-Benz durante el periodo de producción de vehículos con los que trabaja Francis y, de hecho, también en oposición a la visión de Francis de los productos de consumo. «Ya sea coches, calzado o gafas de sol, sea lo que sea, estoy a favor de comprar la mejor versión de una cosa y disfrutarla mientras dure. Lo que más satisfacción me produce es saber que algo está bien hecho». Interesándose, primero, en saber qué hizo que los Mercedes-Benz de esa era fueran mecánicamente sólidos y, después, sumergiéndose en el estilo de vida con el que están asociados, Francis se ha convertido en uno de los principales guardianes de una subcultura completa y todos los valores que conlleva. Francis se asegura de que los vehículos que llegan a su tienda, además de estar listos para servir bien a alguien en la vida diaria, formen una parte integrante de la historia de su vida y propicien la creación de recuerdos duraderos.

J.G. home in Los Angeles

J.G. delante de su casa de Los Ángeles.

Por supuesto que Francis ha formado gran cantidad de recuerdos con estos coches, trayendo vehículos de lugares tan remotos como Alaska y el nordeste de Maine, y conduciéndolos a Los Ángeles. Sin embargo, hay sitios a los que se siente atraído reiteradamente, como el noroeste del Pacífico y el valle de Coachella, y que ocupan un lugar especial en su corazón. Respecto a este último, podríamos decir que una cierta familiaridad con el entorno y la libertad de vagar por las carreteras abiertas del desierto han dado lugar a una conexión personal profunda. Eso y la gran afinidad de Francis con la arquitectura y el diseño modernos de mediados de siglo. Aunque estén separados por un espacio de unos veinte años, la arquitectura moderna de mediados de siglo por la que se conoce Palm Springs es un contexto apropiado para los Mercedes-Benz en los que se centra Francis. Eso es algo sorprendente, si se tiene en cuenta que los arquitectos de mediados de siglo vinieron a trabajar a esta zona concretamente por la libertad que les daba, y que, por otra parte, los diseñadores de Mercedes-Benz formaban parte de una cultura corporativa puritana que prosperaba en la conformidad. No obstante, como Francis nos dijo en la conversación, «mi casa es de mediados de siglo y cuando ves mis coches aparcados en la entrada es como si hubieran sido diseñados para la casa». Entonces, ¿cómo se combinan bien unas gafas contemporáneas inspiradas en el estilo Americana con coches diseñados y fabricados en Alemania que son, a su vez, apropiados para casas diseñadas y fabricadas en la California de mediados de siglo? Según Francis, se trata de crear un buen diseño que no conozca barreras y que aprecie ciertos temas comunes.
Ya hace tiempo que Oliver Peoples se inspira en el mundo de la arquitectura moderna de mediados de siglo, creando incluso una filigrana personalizada inspirada en las formas recurrentes asociadas con la era del diseño moderno de mediados de siglo. También existen unos lazos innegables entre las paletas de colores que se suelen encontrar en estas casas y con las que Mercedes empezó a experimentar hacia finales de los 60. Para Francis, las distintas combinaciones de colores son también lo que le ha ayudado a mantenerse interesado en trabajar con los coches. «No quiero dar la impresión de que me aburro con mi trabajo, ni de que sea repetitivo; aunque, hasta cierto punto, lo es. Puedo desmontar un W123 hasta durmiendo y volver a montarlo exactamente como vino de fábrica. En ese sentido, esa parte se hace repetitiva, y lo que me entusiasma es la configuración y el color». Como te podrás imaginar, la satisfacción de la búsqueda también es una parte importante, especialmente para ejemplares únicos. «El color es lo que buscaba porque era la única manera de expresarme, en la construcción de la misma cosa una y otra vez. Quiero encontrar los colores que, básicamente, no existían y que eran pedidos especiales». Esta atención al detalle es algo muy significativo del tipo de persona que es Francis y de lo que representa. No hacen falta más que unos cuantos minutos con él para darse cuenta de la reverencia profunda que siente por el esfuerzo que supuso crear estos vehículos y el orgullo que siente de ser capaz de mostrar ese trabajo de artesanía, con un toque de su propio estilo por añadidura, por supuesto.

eyeglasses on 1983 240D Mercedes

Las Jacno, apoyadas en un 240D de 1983

Mount San Jacinto view

Una vuelta en coche con vistas del monte San Jacinto.

En cuanto al elemento crucial de la artesanía que lo unifica todo, lo único que puede hacer Francis, como cualquier artesano, es tratar de adivinar en qué consiste. «Si tuviera que aislar una parte del proceso que sea la más esencial, tengo la corazonada de que sería el tiempo. Hay mucha gente que es buena haciendo muchas cosas, pero el tiempo que dedico a cada construcción y cada aspecto de la misma es lo que me separa a mí de otros constructores. A veces, recibimos un coche con 4000 millas originales y tenemos que desmontarlo por completo para asegurarnos de que está completamente limpio. Que yo sepa, no hay muchos establecimientos que hagan eso. El trabajo artesanal comienza con el tiempo y el esfuerzo y, luego, tiene que ver con los materiales que, en este caso, son del fabricante de los equipos originales (O. E. M.) de Mercedes-Benz, para los cuales hay sucedáneos disponibles. El proceso es sumamente individual, de constructor a constructor; por lo que, por supuesto, es algo muy personal. Algo como un bolsillo para planos se puede arreglar en cinco minutos, y seguro que funciona durante un tiempo, o puedes dedicar una hora a arreglarlo como es debido para que dure a largo plazo.
Todo lo que hago en mi vida, la hago con orgullo. Y eso requiere tiempo, lo que puede resultar tedioso, pero es increíblemente gratificante. Teniendo eso en cuenta, mirar los Mercedes-Benz de esta era adquiere un significado totalmente nuevo. No solo cuentan la historia de la gente que los ha conducido y mantenido; sino que, además, cuentan la historia de la gente que los ha diseñado y construido. La próxima vez que te pongas unas Oliver Peoples, piensa en el esfuerzo dedicado a su producción, el proceso por el cual se han convertido en la opción apropiada para ti.

Hasta una montura completamente nueva acarrea una historia propia antes de cogerla del estante, una historia que ha sido escrita por creer en hacer las cosas de cierta manera. Al elegir Oliver Peoples, la persona está diciendo, esencialmente, que comparte las mismas creencias con respecto a la artesanía y la autenticidad, que quiere formar parte de la historia de la marca y añadir su propio capítulo a la historia. Restaurar un coche no es solo romper el sello de calidad de la fábrica, sino, esencialmente, borrar la historia del coche hasta ese momento. La intención de restaurar es, típicamente, hacer el coche «mejor» que era el día que salió de fábrica, y eso en sí lo convierte en algo totalmente diferente. Para los que buscan autenticidad, los que valoran la historia por encima de la perfección, no hay nada que supere a un vehículo de Mercedes Motoring.

Who is Oliver?

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Texto: Andrew Maness

Photos: Rich Stapleton

Video: Yong Kim

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