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El hombre detrás de las gafas: Gregory Peck

Lectura de 12 minutos

The Man Behind the Frame

Analizamos la pasión por el arte, el estilo clásico y la acertada manera de vivir la vida de este emblemático actor.

A pocos años de cumplirse el 50 aniversario del estreno de la adaptación cinematográfica de la novela de Harper Lee Matar a un ruiseñor, Oliver Peoples ha querido proponer a Anthony Peck una nueva versión de las icónicas gafas que llevó su padre Gregory Peck al interpretar a Atticus Finch en la mítica película. «No estaba familiarizado con la historia de Oliver Peoples, pero mi intuición me decía que apreciaban el estilo retro», comenta Anthony al pensar en los acontecimientos que llevaron a crear las primeras gafas de vista bautizadas con el nombre de su padre y, posteriormente, unas gafas de sol que pronto cosecharían el mismo éxito. Ahora, 8 años después del lanzamiento de estas populares gafas de Oliver Peoples homónimas del actor, reinterpretamos esta montura con cuatro nuevos colores, dos para las gafas de sol y dos para las gafas de vista, así como un nuevo tamaño de 50 mm en ambas opciones que también incluirá las combinaciones de color clásicas. El lanzamiento de esta línea renovada no podía llegar en mejor momento, ya que los temas que se tratan en Matar a un ruiseñor y el legado del propio Peck hoy en día son más pertinentes que nunca.

Gregory Peck en color Washed Jade entre el reloj personal y la pajarita que Peck llevaba al recoger el Óscar en 1963.

Gregory Peck holds his Academy Award

Gregory Peck sostiene el premio Óscar a mejor actor por Matar a un ruiseñor mientras es fotografiado con Sophia Loren, 1963. Foto de Bettmann por Getty images.

En un momento de nuestra historia en el que la humanidad a nivel mundial tiene la posibilidad de reflexionar sobre lo que es importante, tiene mucho sentido observar la figura icónica de Gregory Peck como fuente de inspiración para tomarnos la vida de la mejor manera. Esto es muy cierto, precisamente porque Peck no solo es un icono por los importantísimos personajes que interpretó en la pantalla, sino por la calidad de su personaje fuera de ella. Cuando le preguntamos qué es exactamente lo que convirtió a su padre en un icono, Anthony responde: «Greg era fiel a sí mismo hasta las últimas consecuencias. No se dejaba seducir por las tendencias, no solo en la moda, sino tampoco en la vida. Era un buen padre, un buen marido y un buen ciudadano». Nos sorprende que no mencione los numerosos éxitos que su padre cosechó como actor, especialmente su Óscar por la interpretación de Atticus Finch, como una de las razones del logro y el mantenimiento del estatus de estrella durante todos estos años, pero cuanto más conoces a Gregory Peck, más lo comprendes.
Gregory Peck nació en La Jolla, California, en 1916, y fue criado por su abuela que lo llevaba al cine mudo todas las semanas, plantando así las semillas que crecerían más tarde mientras Peck estudiaba medicina en la Universidad de Berkeley.
Peck fue incapaz de ignorar la atracción que sentía por los escenarios, por eso dejó sus estudios en 1939 y se marchó a Nueva York con 160 dólares en el bolsillo y una gran confianza en sí mismo. Alto, robusto, guapo y cautivador como pocos, esa seguridad en sí mismo pronto empezó a dar sus frutos. Tras sus primeros pinitos en The Neighborhood Playhouse, en Broadway, y estudiar interpretación con Michael Checkov, Peck se convirtió rápidamente en un reputado actor con trabajo fijo en el Hollywood de los años 40. En los 50, ya era toda una estrella, con tres nominaciones a los Óscar y un Globo de Oro por El despertar. Peck, que prosperó en westerns, películas bélicas y de aventuras, era conocido por aportar una gran autenticidad a sus papeles, elevando así la calidad de cualquier película en la que participaba. Entre otras hazañas, trabajó repetidas veces con Alfred Hitchcock, Ingrid Bergman y Ava Gardner y estrechó lazos con muchos de sus compañeros que pasarían a ser grandes amigos de por vida como Cary Grant, Frank Sinatra, Fred Astaire y Clark Gable. En 1952, Peck tuvo la oportunidad de mostrar otro lado de sí mismo en el clásico de William Wyler, Vacaciones en Roma, que protagonizó junto a Audrey Hepburn el primer largometraje de la actriz, por el que ganaría un Óscar.

«Greg era fiel a sí mismo hasta las últimas consecuencias. No se dejaba seducir por las tendencias, no solo en la moda, sino tampoco en la vida. Era un buen padre, un buen marido y un buen ciudadano».

– Erik van Ginkel

Como Anthony dice: «Mi padre tenía un extraordinario sentido del humor. Era ingenioso e irreverente, pero nunca a costa de los demás». La idea de que Peck era una persona seria y solemne no es difícil de creer, viendo los personajes por los que más se le ha conocido; sin embargo, solo hay que ver Vacaciones en Roma para constatar lo jovial y desenfadada que podía ser su personalidad. Con una condición de protagonista bien consolidada, podía elegir solo los proyectos que le interesaban, algo que Anthony señala como un rasgo esencial de la personalidad de su padre. «Tenía que creer en lo que hacía, nunca trabajaba por dinero, siempre era por el amor que sentía por el arte». Precisamente en Vacaciones en Roma se hace más palpable el amor de Peck por el arte, sobre todo si prestamos atención a su faceta más cómica, pero esta pasión no solo se podía ver en su trabajo, sino también en su forma de vestir y en lo que valoraba en la vida. Anthony recuerda que «veía arte en todas partes y me enseñó a apreciarlo en todas las cosas. Por ejemplo, me llevaba a ver lanzar a Sandy Koufax solo por la técnica».
Esta pasión situó a Gregory Peck al frente de su generación de actores y lo caracterizó como una personalidad singular con gran credibilidad. Se interesaba por igual en un gran lanzador como Sandy Koufax o en un violinista de la talla de Issac Stern, a quien Peck admiraba enormemente, por eso no nos sorprende que Anthony recuerde a su padre cuando le decía «ensayé el discurso 500 veces para poder hacerlo como quisiera y que siempre saliera bien». En teoría, esto podía suponer la búsqueda de la perfección, pero, en la práctica, se trataba más de capacidad de adaptación. Pitchers, violinistas, actores… todos los grandes personales se preparan bien y esa preparación los lleva a cumplir grandes hazañas. Esa fascinación implacable por el arte y la técnica es algo que también compartimos en Oliver Peoples y es lo que sustenta el diseño y la fabricación de nuestras monturas.

Gregory Peck en color Washed Lapis + Carbon Grey y Bordeaux Bark + Cobalto.

Aunque Gregory Peck falleció antes de que Oliver Peoples creara las gafas que llevan su nombre, Anthony supone que su padre «las habría usado sin pensárselo dos veces y apreciaría el nivel de artesanía del proceso», añadiendo, «el acetato es un material muy interesante, me encanta que provenga de una fuente natural y poder llevar prácticamente las mismas gafas que llevaba mi padre». Curiosamente, incluso en el apogeo de su popularidad comercial, Gregory Peck era una figura clásica, «profesoral y digna de confianza» que prefería los trajes de Huntsman en Savile Row, una tienda famosa por vestir a caballeros y banqueros británicos, en lugar de los sastres más contemporáneos y los modelos más juveniles que preferían muchos de sus compañeros. «Su estilo estaba marcadamente influenciado por los británicos; refinado, pero sin llegar a ser cargado y era un reflejo de su interior», explica Anthony cuando le preguntamos sobre las prendas que elegía su padre. «Se vestía con una elegancia discreta en la vida cotidiana que reflejaba sus cualidades en las gafas y los trajes que llevaba. No era un fanático de la moda, simplemente era un hombre que vestía con elegancia», termina diciendo Anthony.

«Era la misma persona en casa y a puerta cerrada que públicamente. No se preocupaba por las consecuencias que podría tener hacer lo correcto».

– Erik van Ginkel

Gregory Peck read a book

Con todo esto en mente, es fácil entender por qué el autor de Matar a un ruiseñor, Harper Lee, dijo refiriéndose al actor «Atticus Finch le dio la oportunidad de interpretarse a sí mismo». Anthony comparte esta idea diciendo: «Era la misma persona en casa y a puerta cerrada que públicamente. No se preocupaba por las consecuencias que podría tener al hacer lo correcto». Eso es bastante fácil de decir, pero seguir siempre el camino correcto, tener una brújula moral tan sólida y las agallas para serle fiel, eso es increíblemente excepcional, sobre todo en personas con una vida tan pública y una posición tan privilegiada. Por eso, considerando su vida en general, está claro que Gregory Peck merece la devoción que muchos sienten por él.
Era políticamente progresista, tuvo un papel activo en las protestas contra la guerra y el movimiento por los derechos civiles, luchó por los derechos de los trabajadores y fue merecidamente galardonado con el Premio Humanitario Jean Hersholt por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas en 1967 y la Medalla Presidencial de la Libertad en 1969. El propio Peck dijo sobre su interpretación de Atticus Finch: «Puse todo lo que tenía en él, todas mis emociones y todo lo que había aprendido en 46 años de vida sobre la vida familiar, los padres y los niños. Y mis sentimientos sobre la justicia racial, la desigualdad y las oportunidades». Haciéndose eco de este sentimiento, Anthony dice, «no he tomado ninguna decisión en la vida sin preguntarme qué haría él en mi lugar».

Gregory Peck en degradado de color Canary Wood entre los gemelos de Gregory Peck y Anthony Peck. Gregory y Anthony llevaban cada uno un gemelo del otro.

Pensando en estos nobles ideales y cualidades, Oliver Peoples ofrece las gafas graduadas y gafas de sol Gregory Peck como un homenaje al personaje de Atticus Finch, pero también como punto de partida para descubrir la personalidad de un verdadero icono. Dada la forma en que esa distinción se va difundiendo cada vez más, quizás valga la pena replantearse qué es lo que hace que a alguien se le defina así. Las estrellas de cine son muy propensas a quedar encasilladas en el periodo en el que fueron más taquilleras y, para muchos, esto supone aparecer cuando dicha época está de moda y caer en el olvido cuando termina.
Pero Peck sigue siendo perennemente relevante porque su estilo y personalidad trascienden la época a la que más se le asocia. Él es, en todo el sentido de la palabra, un clásico. Su hijo Anthony nos da vuelve a dar una idea de cómo su padre se ganó a pulso esa distinción: «Mantuvo una capacidad de maravillarse casi infantil y una sana curiosidad durante toda su vida. Nunca dejó de aprender y crecer, pero sin dejar de ser auténtico y fiel a sí mismo». La convicción nunca pasa de moda, por eso, Matar a un ruiseñor sigue teniendo relevancia hoy en día y todavía podemos aprender tanto de Atticus Finch como del hombre que tan plenamente encarnaba a dicho personaje.

Gregory Peck as Atticus Finch

Gregory Peck en el papel de Atticus Finch y Brock Peters en el papel de Tom Robinson en Matar a un ruiseñor, 1962. Foto de Silver Screen Collection/Getty Images.

No solo el estilo de Gregory Peck es una fuente de inspiración, sino también los valores y la manera de vivir que lo sustentan. Esa es la definición misma de estilo y esencia. Cuando ves actuar a Peck, enseguida te das cuenta de que cada decisión se ha tomado de forma consciente y al servicio de su interpretación. Esto también es así en lo que respecta al vestuario, como dice Anthony: «Recuerdo al diseñador de vestuario venir y ofrecer opciones, todo estaba estudiado con esmero». Combinando un método impresionante y un vestuario acertado, Gregory Peck encarnó plenamente a los personajes que interpretó, dándoles vida solo como los grandes actores saben hacer. Atticus Finch no solo fue el papel más destacado de Peck, sino también su favorito a nivel personal. El hecho de que las gafas que usó en la película se convirtieran en un símbolo por derecho propio y sean apreciadas por una nueva generación es estupendo.
. Las gafas pueden convertirse fácilmente en el toque especial de un conjunto o transformar el aspecto de alguien, pero además de cambiar literalmente la forma en que vemos el mundo, ¿podrían hacerlo también de un modo figurativo? ¿Qué pasaría si llevar unas monturas Gregory Peck no solo supusiera tomar prestado un elemento de su estilo clásico, sino tomarse un momento para pensar en su personalidad? A todos nos puede subir la moral el llevar gafas que nos hacen sentir un poco más elegantes, parecer un poco más altos, darnos ese no sé qué que tienen los iconos. ¿Pero qué pasa con las gafas que nos inspiran a pensar de una forma crítica, actuar con gracia y reforzar nuestro sentido del civismo? Nosotros creemos que esa sería una manera increíble de honrar la memoria

Gafas de sol Gregory Peck Sun en color Washed Lapis + Carbon Grey y gafas de vista Gregory Peck en color Washed Jade.

Fotografías: Getty Images

TEXTO: Andrew Maness

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